El primer destino de las vacaciones fue una de las Islas Afortunadas, Gran Canaria. La primera etapa de este destino fue un alojamiento por tres días en el mismo corazón de la capital de la Isla, Las Palmas de Gran Canaria, concretamente en el hotel Astoria, muy poco destacable, las habitaciones carecían de Aire Acondicionado, y como las ventanas daban a un patio interior teníamos poca iluminación en los cuartos, aunque ese fue el menor de los problemas dado que sólo estábamos en ellas para dormir. Las zonas comunes del hotel se encontraban en la azotea compartiendo el lugar con las salidas de humo y sum del propio hotel, así que la única vez que subimos para ver con qué servicios contaba, el olor a fritanga nos hizo no volver a regresar.

Las palmas de Gran Canaria tienen un bonito casco antiguo con su Catedral de Santa Ana que fue el edificio que más me impresionó con su fachada de estilo neoclásico, aunque me quedé con ganas de poder descubrir su interior en el que sé que se encuentran algunos retablos barrocos o su sacristía de estilo plateresco, era demasiado tarde y la catedral ya estaba cerrada.

Pasear por el barrio de la Vegueta y los alrededores fue todo un recreo para mis ojos, lugar plagado de edificios que me recordaban a las construcciones coloniales.

De sus playas no destacaré ninguna en particular, personalmente no me gustaron demasiado, como me sucedió con las playas del resto de esta isla, pero si que recomiendo mucho caminar por el paseo marítimo de la playa de Las Canteras.